La revolución de los tipos movíles

La imprenta de Johannes Gutenberg tuvo un recibimiento entusiasta en todos los centros culturales de la Europa del siglo XV.

La aparición de un aparato que facilitaba la difusión de ideas sobre el papel y llegar a una gran cantidad de gente, desencadenó una revolución en las formas de transmitir el conocimiento, una facultad que, hasta entonces, permanecía sujeta al férreo control de los escribientes de los conventos medievales.

Fueron muchos los discípulos de Gutenberg que difundieron su invento por otros países de Europa. Venecia, por ejemplo, se convirtió en un destacado centro impresor de textos griegos y latinos. Las Vidas Paralelas de Plutarco, la Historia de Herodoto o la Vida de los doce Césares de Tito Livio figuran entre la pléyade de obras clásicas que popularizó la irrupción de la imprenta de tipos móviles metálicos. Por primera vez este tesoro literario no era privilegio exclusivo de las clases aristocráticas y de las jerarquías eclesiásticas. La imprenta moderna estaba provocando una revolución cultural.

Pensar Libremente
Como contrapeso a las barreras culturales construidas durante siglos por los «dueños de la palabra», la imprenta de Gutenberg no sólo contribuyó al alfabetismo masivo. También ayudó a que la gente pensara por sí misma, y a que desarrollara su capacidad crítica frente a verdades que hasta entonces se creían inmutables. La Biblia -el primer libro impreso por Gutenberg- y la importancia que tuvo su difusión para el protestan tismo de Martín Lutero constituye un buen ejemplo. La imprenta significaba un fabuloso desafío a la ortodoxia católica, ya que era el medio más eficaz para propagar una nueva teología cristiana muchas veces contraria a los dogmas papales de Roma. Las ideas de Erasmo de Rotterdam -corriente humanista que nutrió de ideas al Renacimiento- también se benefició con el nuevo invento.

El recelo del poder
Frente a las repercusiones favorables, muchos poderosos mostraron su recelo. Para sus intereses era inadmisible que las palabras pudieran propagarse libremente. Sin embargo, y después del desconcierto inicial, no demoraron en poner la imprenta a su servicio y en adoptarla para difundir y tratar de imponer sus ideas.