Cultura Visual · 1 de septiembre de 2005

Eladia Blazquez

Ayer se fue de este mundono mundo la Señora Eladia Blazquez, dueña de una voz hermosa y una pluma exelente.

Creo que la mejor forma de recordarla en cantar, tarariar, escuchar, leer… su musucica.

Honrar la vida

Permanecer y transcurrir,
no es perdurar, no es existir
ni honrar la vida.
Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia sin saber,
adormecida…
Merecer la vida no es callar
y consentir tantas injusticias
repetidas.
Es una virtud, es dignidad
y es la actitud de identidad
más definida.
Eso de durar y transcurrir,
no nos da derecho a presumir,
porque no es lo mismo que vivir,
honrar la vida.
No, permanecer y transcurrir
no siempre quiere sugerir
honrar la vida.
Hay tanta pequeña vanidad,
en nuestra tonta humanidad,
enceguecida…
Merecer la vida es erguirse vertical,
más allá del mal,
de las caídas.
Es igual que darle a la verdad
y a nuestra propia libertad,
la bienvenida.

La tana Rinaldi la recuerda asi en la nota de ayer en La nación.

Me voy a remitir a Piazzolla; a cuando dijo que el verdadero cambio de la historia del tango lo produjo la mujer como autora y compositora. Se refería, fundamentalmente, a Eladia, porque si bien es cierto que no fue la primera, tuvo el reconocimiento generalizado dentro y fuera del país.

Como experiencia personal puedo aportar los espectáculos que hice, donde me resultó fácil y cómodo introducir diez o doce temas de ella en el repertorio. Lo merecía. Incluso la traducción de su versificación, de su poesía, fue respondida en el exterior con enorme admiración.

Era una respuesta al talento, sobre todo al expresado en una disciplina donde, hasta su llegada, la mujer no estaba acostumbrada. El tango siempre ha contado con una referencia muy fuerte del varón, que expresó sus sentimientos, a veces, como si fueran únicos. La importancia del trabajo de Eladia es que habla para todos y para que todos, hombres y mujeres, podamos expresarnos por igual.

Diría que Eladia viene de la música española. Así empezó a gustar de la música. Y tampoco puede obviarse su paso por el bolero. Su obra fue premiada en festivales internacionales y también fueron premiados los intérpretes que la acompañaron.

Su gran amor por Buenos Aires habla, también, de otra realidad. Y veo algo que es rico como conjunción: Eladia era una intérprete de Buenos Aires y encontró a otra intérprete que venía del teatro, como es mi caso, para valorizar desde otro lugar sus palabras.

Me parece que un momento como éste es bueno para recordarla, para hacer memoria y seguir su camino abierto. Ella gozó el beneficio de recibir el respeto enorme de sus colegas. No muchos pueden decir eso.

Voy a tomar una frase que escribió en la «Milonga para Santiago», compuesta con Osvaldo Piro: «Son pocos en su medida los que ennoblecen la vida».

Creo que ella lo hizo con todo el trabajo volcado y con su bajo perfil. No era fácil que expresara sus desacuerdos públicamente porque fue una mujer muy guardada. Pero hay que reconocer su obra y también su contribución como socia y dirigente de Sadaic.

Por Susana Rinaldi