Diseño · 22 mayo, 2007

Afiches de Cuba

El periodista Jorge Luis Rodríguez Aguilar hace una excelente retrospectiva sobre los afiches cubanos sobre el tema del tabaco, en esta nota describe como poco a poco el diseño se fue integrando a Cuba

La nota la encuentran en Cubarte, sitio piola de cultura de Cuba

El Diseño Gráfico en Cuba

cuba.jpg

Otro nota interesante sobre afiches cubanos en Delyrarte

Nota Cubarte » El Diseño Gráfico en Cuba»

(CUBARTE) Nuestro país disponía de una larga tradición en Diseño Gráfico —probablemente la más antigua de Latinoamérica— aplicado al consumo fundamentalmente de la industria tabacalera. Desde las primeras décadas del siglo XIX, se disponía de talleres litográficos y de una práctica notable de este procedimiento gráfico, lo que la acercaba a los países más desarrollados de la vieja Europa. Muchos años después, Cuba vuelve a ser referencia internacional al crearse en 1959 un taller de diseño de interiores y muebles en la Comisión de Proyectos Turísticos de la Junta Nacional de Planificación, así como la creación de la Empresa de Muebles y Envases y la conformación del primer equipo de diseño industrial interdisciplinario ( ).

Pero es indudable afirmar que la verdadera explosión del Diseño Gráfico en Cuba, se reflejó en las décadas de 1960 y 1970, cuando se extendió por todos los campos de lo visual y lo ambiental, donde el objetivo fundamental era mostrar al hombre como debía ser. Aunque un poco antes a estos años podían hallarse buenos ejemplos en el cartel, el anuncio publicitario impreso y televisivo, o la señalización comercial urbana, sin lugar a dudas antes de 1959, el diseño gráfico no era apreciado por su incidencia cultural como un elemento capaz de transgredir los límites de su estricta funcionabilidad e instrumentalización como herramienta económica.

Es en los años sesenta cuando la gráfica se integra al cuerpo social de la nación, desde una nueva perspectiva cultural que la rescata de su posición tradicional y la sumerge en una práctica creadora que invade todo el entorno visual del hombre. En estos primeros años, el Diseño Gráfico cubano se siente deudor de la estética vanguardista soviética de los años 20 y de los métodos iniciados en la Bauhaus.

El cartel viene a ser el elemento por distinción en la nueva gráfica cubana, sobrepasando otros logros innegables alcanzados en el diseño de marcas, revistas y libros, destacándose como su más alto exponente a partir de su impacto social, y como la expresión artística cubana más reconocida por su excelencia y popularización entre casi todos los sectores sociales. Junto al cartel, se destacaron los trabajos de marcas, logotipos, vallas, revistas, libros, catálogos, envases, en los que un conjunto numeroso de experimentados y nuevos diseñadores luchaban por hacer de cada uno de ellos una pieza de imborrable presencia en la visualidad de los cubanos.

En los años ochenta y los primeros años de la década de 1990, el trabajo ganado en el campo del Diseño Gráfico, tan prestigioso y representativo del desarrollo alcanzado por nuestro país, se perdió en regulaciones y trabas de carácter burocráticos, en nuevas formas de control y chequeo, y en una forma mucho menos abierta y espontánea de expresar de manera gráfica el sentido ganado en la comunicación.

La falta de un mercado interno de oferta y demanda también ayudó a la pérdida paulatina de la fuerza gráfica del diseño en nuestro país. Otros productos, destinados a la exportación o al comercio exterior, presentan un trabajo de diseño bien contrastado, un ejemplo más que claro son los tabacos habanos y el ron Havana Club . Su propio carácter de exclusividad hace que el diseño de empaques, etiquetas y certificados de autenticidad luzcan a partir de su sobriedad, y a pesar de la sencillez de los grafismos, como un elemento distintivo del diseño cubano.

En el sector de servicio, la tendencia también se repite. Las papelerías e impresiones destinadas a un sector económicamente fuerte son realizadas y presentadas con una excelente relación en el color, muy buenas composiciones y estructuraciones entre sus espacios en blancos, una adecuada tipografía, y un uso correcto de imágenes y otros recursos, no así las destinadas a sectores menos importantes de la economía o los servicios, generalmente, estos en moneda nacional.

Es a partir de los años noventa cuando numerosas instituciones cubanas de la cultura y otros sectores de la economía nacional, comienzan a promover un nuevo realce al concepto del Diseño Gráfico a partir del “período especial”, convirtiéndose estos años en lo que algunos definen como el renacimiento del Diseño Gráfico cubano.

Hoy por hoy, el Diseño Gráfico vive un proceso de renovación en Cuba, que muchos años después de haber sido protagonista del fuerte movimiento artístico de los años sesenta y setenta, sigue siendo un producto de indiscutible calidad, y que pretende mostrar una auténtica expresión del hombre moderno y del desarrollo de las sociedades y naciones como vía eficaz para quebrar las viejas barreras que se interponen entre el arte y la vida.

Aún nos queda desprendernos de normas y formatos demasiado rígidos en cuanto al diseño editorial, que no pueden justificarse con la excusa del poco apoyo a las reproducciones o el puramente material en cuanto a las tintas y el papel. Tenemos ejemplos más que suficientes de cómo con economía de color, pero con buena imaginación y creatividad, podemos lograr diseños atractivos y elegantes. Un ejemplo claro de esto lo encontramos en los diseños para la literatura infantil y juvenil, y en revistas y semanarios como Pionero , Zunzún , Juventud Técnica y Somos Jóvenes ; o los nuevos diseños para libros y portadas de ediciones de obras literarias lanzados por las editoriales Letras Cubanas , Arte y Literatura y Casa de las Américas; y —aunque se separan un poco de los ejemplos anteriores— los realizados para páginas y sitios de Internet con una agradable estética y una funcionabilidad coherente, fluidez y limpieza bien realizada.

El diseño es el instrumento por excelencia para redimensionar el espacio privado y rearticular el fragmentado espacio público, e integrarlos en un todo coherente y diversificador. Si sumamos la carga de anuncios urbanos para la venta de productos, las imágenes de empresas e instituciones, centros culturales y educacionales, y la amplia red de señalizaciones de tránsito y avisos públicos, tenemos ante nosotros uno de los universos más variados y significativos que rodean al hombre de hoy y el cual sólo el Diseño Gráfico es capaz de articular.

Entre los principales diseñadores gráficos cubanos posteriores al Triunfo de la Revolución se destacan: Eladio Rivadulla, Eduardo Muñoz Bachs, Antonio Reboiro, Tony Evora, Félix Beltrán, Raúl Martínez, Alfredo Rostgaard, Antonio Pérez — Ñiko —, René Azcuy, Raúl Oliva, Umberto Peña, José Gómez Fesquet — Frémez —, Rolando de Oraá, Esteban Ayala, Rafael Morante, Héctor Villaverde, José Menéndez — Pepe —, Khiustin Tornés, Manuel Marzel, Paris Volta, Daniel Cruz, Osmany Torres, Dyango Chávez, Rafael Zarza, Roger Aguilar, Cecilia Guerra, Darío Mora, Helena Serrano, Faustino Pérez, José Papiol y Olivio Martínez.

Canción protesta
cartel, 1967
[Alfredo Rostgaard]

La ópera de los tres centavos
cartel de teatro, 1967
[Héctor Villaverde]

Lucía
cartel de cine, 1968
[Raúl Martínez]

Devuelva el aceite usado que es útil
cartel, 1969
[Félix Beltrán]

Moler toda la caña y sacarle el máximo de azúcar
cartel, 1970
[Antonio Pérez ( Ñiko )]

La última palabra
cartel de cine, 1975
[René Azcuy]

Peripecias de un veterinario
cartel de cine, 1977
[Eduardo Muñoz Bachs]

El futuro es la paz
cartel, 1978
[Asela Pérez]

Roberto Fernández Retamar
cartel de libro, 1981
[Raúl Martínez]

Festival de cine francés
cartel, 2000
[José Menéndez ( Pepe )]